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Mostrando entradas de mayo, 2026

Los libros se acumulan rápido

Más rápido de lo que uno piensa. Compras uno. Luego otro. Luego encuentras uno usado en una librería pequeña y ya no hay vuelta atrás. No importa el tema. Cine. Música. Fotografía. Novelas. Dibujo. Lo que sea. Siempre hay algo. Una frase. Una idea. Una página que se queda contigo. Me gustan los libros usados. Los viejos. Los que ya traen marcas. Un libro maltratado no significa que valga menos. A veces es al revés. Hay algo bueno en eso. Pensar que alguien más lo tuvo antes. Que también dobló páginas. Que también subrayó algo importante. Empezar una colección se vuelve adictivo. Pero de la buena forma. Poco a poco llenas espacios. Repisas. Esquinas. Mesas. Y un día te das cuenta de que tienes un pequeño mundo guardado ahí. Información. Historias. Ideas. Todo en casa. Sin internet. Sin batería. Sin suscripciones. Solo papel. Nada le gana a eso. Abrir un libro. Sentarte un rato. Y perderte por horas. El tiempo cambia cuando lees. Tal vez por eso sigo comprando libros aunque ya no tenga e...

El Cuaderno de Bolsillo: Un Refugio para las Ideas

Escribir en un cuaderno pequeño. De bolsillo. De esos que caben en cualquier lado. La mochila. La camioneta. El escritorio. La bolsa del pantalón. Siempre cerca. Me gusta eso. La idea de poder anotar cualquier cosa. Un número. Una dirección. Una receta. Un dibujo mal hecho. Una frase. Algo que pensé manejando. Lo que sea. Todo termina ahí. Hay algo distinto en escribir a mano. Más lento. Más real. Como si la idea pesara más. El celular nos quitó algo. La costumbre de escribir. De rayar hojas. De aburrirte y empezar a dibujar en una esquina de la libreta. Ahora todo son reacciones rápidas. Likes. Mensajes cortos. Scroll infinito. Ya casi nadie guarda cosas en papel. Y quizá por eso muchas cosas también se olvidan rápido. Antes escribías poemas. O canciones. O hacías dibujos de alguien que te gustaba. Había tiempo para eso. Un cuaderno se siente distinto. No pide atención. No vibra. No interrumpe. Solo espera. Y cuando escribes ahí, aunque sea una tontería, algo se acomoda. Como soltar u...

Dibujar por dibujar

Sin objetivo. Sin encargo. Sin pensar demasiado. Solo una hoja. Un lápiz. Y lo que salga. Cualquier cosa sirve. Una taza. Una mano. Una ventana. Un árbol. Una idea. No importa si queda bien. Ese no es el punto. Dibujar obliga a mirar. A prestar atención. A detenerse. La mente baja el ruido. Por un momento, todo se acomoda. Pensamientos. Problemas. Ideas. Soluciones. Todo encuentra un lugar. A veces no entiendes lo que traes encima. Hasta que lo dibujas. Una línea. Luego otra. Y otra. Como si cada trazo fuera una conversación contigo mismo. Un contrato sencillo. Sentarte. Observar. Y dejar algo en el papel. Lo que está afuera. Y lo que está adentro. No hace falta saber dibujar. Solo empezar. Con eso basta. Lo dejo aquí. M13

Últimamente he pensado en eso

  Trabajar mucho no siempre significa lo mismo. Está el burnout. Y está el workaholic. No son iguales. El burnout es agotamiento. Te levantas cansado. Sin ganas. Sin claridad. Haces las cosas en automático. Todo pesa más. El workaholic es otra cosa. Trabajar sin parar. Buscar siempre algo más que hacer. Llenar cada espacio. Uno te consume. El otro también. Solo que de forma distinta. A veces se confunden. Crees que eres disciplinado. Y en realidad estás evitando detenerte. O crees que solo estás cansado. Pero llevas meses funcionando al límite. El cuerpo avisa. La mente también. Falta de concentración. Irritabilidad. Cansancio constante. Descansar no es perder tiempo. Es parte del trabajo. No todo se arregla produciendo más. No todo mejora acelerando. A veces lo que hace falta es parar. Dormir. Salir a caminar. Escuchar una canción. Respirar un poco. No para rendirte. Para seguir. Trabajar importa...