Escribir en un cuaderno pequeño.
De bolsillo.
De esos que caben en cualquier lado.
La mochila.
La camioneta.
El escritorio.
La bolsa del pantalón.
Siempre cerca.
Me gusta eso.
La idea de poder anotar cualquier cosa.
Un número.
Una dirección.
Una receta.
Un dibujo mal hecho.
Una frase.
Algo que pensé manejando.
Lo que sea.
Todo termina ahí.
Hay algo distinto en escribir a mano.
Más lento.
Más real.
Como si la idea pesara más.
El celular nos quitó algo.
La costumbre de escribir.
De rayar hojas.
De aburrirte y empezar a dibujar en una esquina de la libreta.
Ahora todo son reacciones rápidas.
Likes.
Mensajes cortos.
Scroll infinito.
Ya casi nadie guarda cosas en papel.
Y quizá por eso muchas cosas también se olvidan rápido.
Antes escribías poemas.
O canciones.
O hacías dibujos de alguien que te gustaba.
Había tiempo para eso.
Un cuaderno se siente distinto.
No pide atención.
No vibra.
No interrumpe.
Solo espera.
Y cuando escribes ahí, aunque sea una tontería, algo se acomoda.
Como soltar un poco la cabeza.
Tal vez hace falta volver a eso.
A escribir más lento.
A pensar antes de borrar.
A dejar manchas de tinta otra vez.
Lo dejo aquí.
M13
