Trabajar mucho no siempre significa lo mismo.
Está el burnout.
Y está el workaholic.
No son iguales.
El burnout es agotamiento.
Te levantas cansado.
Sin ganas.
Sin claridad.
Haces las cosas en automático.
Todo pesa más.
El workaholic es otra cosa.
Trabajar sin parar.
Buscar siempre algo más que hacer.
Llenar cada espacio.
Uno te consume.
El otro también.
Solo que de forma distinta.
A veces se confunden.
Crees que eres disciplinado.
Y en realidad estás evitando detenerte.
O crees que solo estás cansado.
Pero llevas meses funcionando al límite.
El cuerpo avisa.
La mente también.
Falta de concentración.
Irritabilidad.
Cansancio
constante.
Descansar no es perder tiempo.
Es parte del trabajo.
No todo se arregla produciendo más.
No todo mejora acelerando.
A veces lo que hace falta es parar.
Dormir.
Salir a caminar.
Escuchar una canción.
Respirar un poco.
No para rendirte.
Para seguir.
Trabajar importa.
Pero no al costo de desaparecer.
Lo dejo aquí.
M13
