Más rápido de lo que uno piensa.
Compras uno.
Luego otro.
Luego encuentras uno usado en una librería pequeña
y ya no hay vuelta atrás.
No importa el tema.
Cine.
Música.
Fotografía.
Novelas.
Dibujo.
Lo que sea.
Siempre hay algo.
Una frase.
Una idea.
Una página que se queda contigo.
Me gustan los libros usados.
Los viejos.
Los que ya traen marcas.
Un libro maltratado no significa que valga menos.
A veces es al revés.
Hay algo bueno en eso.
Pensar que alguien más lo tuvo antes.
Que también dobló páginas.
Que también subrayó algo importante.
Empezar una colección se vuelve adictivo.
Pero de la buena forma.
Poco a poco llenas espacios.
Repisas.
Esquinas.
Mesas.
Y un día te das cuenta de que tienes un pequeño mundo guardado ahí.
Información.
Historias.
Ideas.
Todo en casa.
Sin internet.
Sin batería.
Sin suscripciones.
Solo papel.
Nada le gana a eso.
Abrir un libro.
Sentarte un rato.
Y perderte por horas.
El tiempo cambia cuando lees.
Tal vez por eso sigo comprando libros aunque ya no tenga espacio.
Lo dejo aquí.
