Sin objetivo.
Sin encargo.
Sin pensar demasiado.
Solo una hoja.
Un lápiz.
Y lo que salga.
Cualquier cosa sirve.
Una taza.
Una mano.
Una ventana.
Un árbol.
Una idea.
No importa si queda bien.
Ese no es el punto.
Dibujar obliga a mirar.
A prestar atención.
A detenerse.
La mente baja el ruido.
Por un momento, todo se acomoda.
Pensamientos.
Problemas.
Ideas.
Soluciones.
Todo encuentra un lugar.
A veces no entiendes lo que traes encima.
Hasta que lo dibujas.
Una línea.
Luego otra.
Y otra.
Como si cada trazo fuera una conversación contigo mismo.
Un contrato sencillo.
Sentarte.
Observar.
Y dejar algo en el papel.
Lo que está afuera.
Y lo que está adentro.
No hace falta saber dibujar.
Solo empezar.
Con eso basta.
Lo dejo aquí.
M13
